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Opinión

Violencia de Género y como abordar el estado Pre-Femicida

Dario Witt (*) explica la teoría del Estado Pre-Femicida y detalla los elementos a tener en cuenta para abordar de manera integral las emergencias en materia de género

Estado Pre-Femicida

Cuando una mujer, que viene sufriendo situaciones de violencia con su pareja, ex pareja, familiar o tercero conviviente, se anima a realizar una denuncia por violencia de género no solo está relatando un hecho específico que debe ser encuadrado dentro del ámbito jurídico, sino que está haciendo pública una situación, quizás largamente ocultada, hasta ese momento.

Ocurre que al mismo tiempo que relata los hechos, que hasta allí ocurrían dentro de un aparente “ámbito privado”, esta mujer está comenzando a solicitar la intervención y protección de los poderes estatales.

Si desde la Comunidad y el Estado no se tienen preparadas respuestas urgentes con una metodología de intervención compleja y coordinada, que identifique a este momento como de “alto riesgo”, es posible que la víctima que solicita ayuda encuentre una respuesta pseudo-caótica, que quizás redunde en una mayor desprotección o riesgo para ella, acrecentándose en ese caso la potencialidad de posibles ataques y violencia del agresor denunciado en contra de su/s víctima/s, quién indudablemente aprovechará estas “grietas” del sistema para amenazar, atacar, lesionar o matar en el peor de los casos.

Desde Casa Abierta María Pueblo venimos sosteniendo, desde hace muchos años, la necesidad de abordar y tratar de identificar algunos momentos claves de este complejo proceso que comienza en el momento de la denuncia o del corte del vínculo violento al cual hemos dado en llamar “Teoría del estado Pre-Femicida”

Dada la brevedad que necesita una columna de opinión diremos que cuando una mujer decide el corte del vínculo violento, y por lo tanto se lo hace saber a su agresor personalmente o por medio de una denuncia, comienza un estado de “alerta grave” ya que suelen producirse, en muchos hombres, situaciones psico-emocionales que podríamos definirlas como conductas depresivo-represivas.

Estas conductas, definidas a grandes rasgos para intentar facilitar su comprensión, se manifestarán en algunos hombres con actos de mayor ebullición externa, en otros con encierro y depresión, siendo probable que en muchos de ellos haya ataques previos a animales, mascotas o destrucción de bienes de la/s víctima/s.

Deberá tenerse en cuenta que a mayor tiempo de permanencia con el maltratador que asume este tipo de conductas, mayor será la posibilidad de que este mismo concrete un ataque al sentirse “abandonado” y en donde siempre el violento culpará a la víctima por todos sus actos.

El período de tiempo a tener en cuenta para intensificar la protección de la/s víctima/s señaladas deberá preverse dentro de los 60 a 180 días desde el momento de la separación y corte del vínculo violento señalados anteriormente.

Como otro aporte, a nivel general y descriptivo para identificar este tipo de estado, se puede decir que los agresores que manifiestan este tipo de conductas más peligrosas y agresivas suelen ser hombres con rasgos machistas más rígidos o consolidados por el transcurso del tiempo

Estos modelos de varón violento no suelen tener antecedentes penales o necesariamente un historial delictivo. Más bien se trata de modelos de agresores que se han formado en el marco de una construcción socio-cultural que ha ido legitimando la desigualdad de derechos entre los géneros a través de los tiempos y es por eso que no es posible identificarlos como inmersos dentro de una clase social específica y determinante.

Contrariamente a lo que prejuiciosamente se piensa no disminuye la violencia a medida que se asciende en la escala social y económica de las comunidades, sino que por el contrario cuantos más recursos y poder existen del lado de este tipo de agresores, más se facilita su capacidad de ocultamiento, su impunidad y sus posibilidades de perpetuar sus conductas violentas y abusivas.

Pero una vez producido el corte del vínculo por parte de la víctima y su señalado pedido de ayuda, deberá ser este el período en donde más esfuerzos deben realizarse para intentar detectar tempranamente y con la mayor precisión, el posible “estado pre-femicida” del agresor denunciado.

Y hacemos énfasis en esto ya que, según nuestra experiencia sobre miles de casos atendidos, es precisamente aquí en donde el sujeto señalado puede encontrarse inmerso en este peligroso estado psico-emocional definido y es en estos momentos en donde su vida, la de su ex pareja, e incluso hijxs y/o familiares suelen perder, temporalmente, todo sentido para el hombre-agresor en “estado pre-femicida” y por lo tanto puede llegar a atacar, lesionar, matar y eventualmente suicidarse al sentir que se ha derrumbado toda su “hombría” patriarcalmente construída.

Esta peligrosidad que señalamos no es identificada, lamentablemente, en el abordaje de la mayoría de los casos que se atienden regular y habitualmente en la actualidad, por eso es que creemos que con una identificación lo más tempranamente posible que pudiéramos hacer sobre estos “estados pre-femicidas” nos darían mayores posibilidades para intervenir en la prevención de ataques, lesiones y eventuales femicidios.

En el mismo marco de razonamiento es que proponemos que la proliferación de mensajes que promueven la necesidad de realizar una denuncia ante situaciones de violencia de género deberían ir acompañados de un sistema de respuestas inmediatas y urgentes ante posibles casos de estados pre-femicidas que puedan llegar a detectarse, disminuyendo así el riesgo de vida de mujeres, niñas y niños víctimas de violencia que puedan encontrase huyendo de sujetos inmersos dentro de estos peligrosos estados psico-emocionales.

Dado el relativamente corto lapso de tiempo en que ocurren estos estados “pre-femicidas” y el alto peligro para la vida e integridad psicofísica de las mujeres, niñas y niños (la inmensa mayoría de las víctimas de todas estas situaciones señaladas) es que también proponemos un tratamiento, compulsivo incluso, de los agresores detectados e inmersos en este peligroso estado psico-emocional señalado.

Y nos animamos a proponer esto ya que hemos experimentado, con casos concretos atendidos, que las medidas propuestas no solo benefician a las víctimas, en cuanto a disminuir ataques y femicidios, sino que también se verán beneficiados los agresores inmersos en este estado, ya que se evitaría que cometan hechos no solo irreparables para sus víctimas, sino también para ellos mismos.

En un nuevo 25N de 2021, aniversario del Día para promover la Erradicación de todo tipo de Violencia contra la Mujer, vaya este artículo como un pequeño aporte y como homenaje a tantas compañeras de lucha que nos han permitido acompañarlas a transitar sus propios solidarios y comunitarios caminos de salida del abuso y de la violencia, para intentar redireccionarlos hacia proyectos de igualdad de derechos, de justicia y de vidas más felices para todas, todos y todes.

*Abogado. Especialista en Derecho Penal, Violencia Familiar, Terapia de Crisis y Emergencias Psicológicas. Fundador de Casa Abierta María Pueblo para Mujeres, Niñas y Niños Víctimas de Violencia. La Plata. Provincia de Bs. As. Argentina.

 

 

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