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Opinión

Ellos o nosotros: Un nuevo intento de aplastar el debate político

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Las manifestaciones en la puerta del domicilio de Cristina Kirchner tras el pedido de condena por parte del fiscal Diego Luciani en la causa Vialidad, no solo reactivaron la musculatura del peronismo, que se abroqueló rápida y contundentemente detrás de la principal dirigente de ese espacio, sino que desnudó de forma brutal la estrategia del PRO de achatar el debate político hacia conceptos básicos, con el objetivo de evitar explicaciones, hace innecesarias las pruebas y sobre todo sacar la disputa del plano racional.

Desde hace una semana en cada comunicado, salida en los medios, tuit y aparición pública, la dirigencia del macrismo porteño, encabezada por Horacio Rodríguez Larreta, repitieron hasta el cansancio, antes, durante y después de la represión, que todas las acciones fueron tomadas con el objetivo de “cuidar a los vecinos”, de la ciudad, aplicando un recorte de la población en apenas dos categorías, por un lado los “vecinos”, del otro los ¿miltantes?, ¿kirchneristas?, ¿extraterrestres?

La categoría “vecinos” excluye al peronismo, al militante, a los activistas por derechos sociales y a cualquier otro manifestante que se haya hecho presente en las inmediaciones de la casa de CFK, sin importar que efectivamente algunos o algunas fueran “vecinxs” de la ciudad, es decir que el “vecino” no participa en política, fin de la discusión para el PRO.

El uso de categorías básicas para comunicar las acciones no solo le evita a los principales dirigentes de Juntos tener que dar explicaciones de sus decisiones, sino que activan mas rápidamente el “sesgo de confirmación”, una forma de consumo informativo que privilegia todo aquello que coincida con el pensamiento previo del público / consumidor / votante, eliminando casi automáticamente y de forma acrítica todo lo que no coincide con esa mirada sobre las cosas, es decir que consume solo lo que confirma sus ideas previas.

El riesgo de esta estrategia es que cada tanto se pone demasiado en evidencia y deja a sus protagonistas en una obscena posición adelantada, como le pasó al jefe de gobierno cuando ante la pregunta del periodista Ernesto Tenembaum no puedo listar ni siquiera una de las supuestas “pruebas contundentes” contra CFK y se limitó a decir “todas las que presentó el fiscal”, papelón de Rodríguez Larreta, por repetir confiado en que no habría repregunta y solo esperando que el mensaje cale hondo en su propio público.

El abuso del aplastamiento del debate también provoca violentas contradicciones, como la que surge de comparar el comunicado del principal espacio opositor pidiendo la “Paz Social”, tras la represión de la policía de CABA a los manifestantes cristinistas, con el mensaje del diputado Ricardo Lopez Murphy, que apenas minutos después sentenciaba que “son ellos o nosotros”, repitiendo la estrategia de categorías básicas binarias y que no dejan lugar a terceras posiciones. No tiene que haber “peros”, ni grises, ni lugar para la autocrítica.  O estas de un lado ó estas del otro.

El objetivo es movilizar a la pequeña masa de odiadores seriales que, intoxicados por la repetición mediática de críticas, causas y ataques contra el peronismo han decidido mas que salir del closet, hacer un verdadero streaptease de su odio y exhibirlo abiertamente e impunemente, con esa fuerza de choque pretenden además arrastrar al oficialismo a dar la disputa en ese campo de batalla que colisiona de frente con la verdad.

“En ningún momento dijo que es inocente, sino que los otros son también culpables”

Este fue el análisis repetido tras la declaración mediática que el tribunal le negó a la vicepresidenta, aunque de nuevo, y para evitar la profundidad, el análisis se termina ahí, porque en caso de dar un paso mas y de asumir como elementos realmente probatorios los que el fiscal Diego Luciani metió por la ventana, como los 6 mensajes de Lázaro Báez con José López, deberían admitir que la verdadera contundencia de las pruebas apunta mas a empresarios M que a empresarios K, incluido Nicolas “Nicky” Caputo, al que Mauricio Macri denominó su “hermano del alma”, y que en el mismo período cruzó 109 mensaje con el funcionario de los bolsos.  6 mensaje con López: Marche presa CFK; 109 con Caputto: Ya no es tan hermano del alma de Mau.

Otro grosero error que se repite hasta el cansancio es el de reclamarle al acusado que demuestre su inocencia, cuando en realidad es la parte acusadora la que debe demostrar su culpabilidad.  CFK no debe hacer nada para probar su inocencia, así lo determinan las leyes.  El problema para la oposición es que los elementos probatorios en su contra no solo no son suficientes, sino que los que se filtraron a los medios son abiertamente contrarios al planteo de la fiscalía. “Las pruebas contundentes”, que nadie vio y la inversión del principio de inocencia para no dejar lugar a dudas.  Que al menos parezca que hay pruebas.

Cristina es “Mala”

Otra de la evidencias de esta estrategia de aplastamiento es la adjetivación que desde hace un tiempo empezó a usar, primero Nelson Castro y luego otros periodistas del establishment.  Cuando “corrupta”, “zurda”, y “mentirosa” y “ladrona” comenzaron a perder efectividad, Cristina Fernández de Kirchner empezó a ser simplemente “mala”, eliminando completamente cualquier complejidad y ofreciéndole al público la posibilidad de completar el “Cristina es mala porque…”, según su conveniencia.

Se podría trazar un cuadro de doble entrada para ubicar de un lado a los buenos, los puros, los transparentes y honestos, y del otro a los malos, corruptos, contaminados, y obviamente peronistas.   La fuerza de repetición tiene sus límites pero funciona, El problema para los que vienen aplicando esta estrategia es que no contaban o midieron muy mal la eventual reacción popular si finalmente decidieron pasar a la acción en un escenario de política binaria que solo distingue entre buenos y malos.

Luciani quiere meter presa a Cristina porque es “mala”, Rodríguez Larreta reprime a militantes para defender a los “vecinos” y López Murphy deja en claro que hay un “ellos” que representa un riesgo para el proyecto para pocos que pretenden instaurar.  Para este sector dejaron de importar la verdad, las instituciones y sobre todo las personas, el desafío de la política es recuperar la profundidad del debate, volver a trazar reglas de juego claras y eliminar de la escena el reduccionismo extremo, que convirtió al debate en apenas un cruce tuitero.

 

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