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Opinión

Magnicidio: El límite final entre la vida y la muerte de los pueblos.

Jesús María “Tito” Plaza, traza un paralelismo entre el atentado contra CFK y el asesinado de Luis Donaldo Colosio, candidato a presidente de México por el PRI en el año 94.

Sin titulo

La vida me puso como testigo de la historia, por dos veces implacables.

La pistola le apuntó a Cristina Fernández de Kirchner y a la Democracia vapuleada, su disparo lo desvío el destino para que la dos veces presidenta de los argentinos, sea testimonio solemne de un atentado insoportable.
La pistola le apuntó a Luis Donaldo Colosio, y su disparo llegó a destino. Les relato mi tatuada experiencia, en un México mágico.

Protagonizar la historia, es volar sin alas a lo inesperado, cerrando los ojos a su dimensión.

“La Parrilla Argentina”, ese milagro que supimos moldear con nuestra impronta, tenía la pícara fama de ser atendida por sus dueños. Mara administraba, Rodrigo preparaba los tragos y yo atendía a los comensales. Tres meseras, dos argentinas y una mexicana, un parrillero uruguayo, una jefa de cocina chaqueña, dos ayudantes de cocina mexicanos y un baladista, tanguero y buen cantor, del barrio de Boedo. El sueño de la micro empresa familiar, se había cumplido. Diciembre de 1992, México, Distrito Federal, colonia Condesa.

La diversidad se sus clientes, le dio un toque distintivo, desde los infaltables argentinos futboleros, pasando por los gerentes bancarios de la zona, hasta políticos locales de envergadura. Se transformó en un alegre y placentero bálsamo gastronómico. Esos años impensados, fueron dejando un tapiz de anécdotas y experiencias, que narraré en otros capítulos. Fueron días especiales, en un contexto especial. México estaba sentado sobre un barril de pólvora.

La vertiginosa caída del modelo neoliberal, implantado a inicios de la década de los noventa, asolaba política, económica y socialmente al pueblo mexicano. La profunda crisis del sistema político, surgido de la Revolución Mexicana de 1910, que implosionó en el Partido oficialista con setenta años en el poder, el PRI, arrastró al descalabro económico financiero, conocido cómo el “efecto tequila” y a la desintegración social, que la corrupción estructural acumulada supo generar. Tres hechos, terminaron provocando la caída del régimen, la instalación del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, firmado por los Estados Unidos, Canadá y México, el magnicidio provocado por el atentado que acabó con la vida de Luis Donaldo Colosio, candidato oficialista a la Presidencia de la Nación y el resurgimiento de la guerrilla campesina, con la sublevación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el Estado de Chiapas, que encabezó el mítico Subcomandante Marcos. Se acercaban las elecciones presidenciales y la figura del político opositor, Cuauhtemoc Cárdenas, hijo del prócer más querido por el pueblo mexicano, General Lázaro Cárdenas, avanzaba con fuerza en la consideración de los votantes. México era un polvorín.

La clientela aumentaba y los personajes que iban surgiendo, consolidaban sus visitas. Con uno de tantos, fuimos despertando una amistad sincera y de respeto mutuo. Nuestros diálogos, de a poco dejaban de ser livianos y se transformaban en interesantes pláticas sobre los tiempos políticos electorales. Nadie sabía de mi reciente pasado, todos tenían la convicción de una historia futbolera importante. Me sentía cómodo en ese rol y disfrutaba de mis cuentos cómo jugador de fútbol. “Tito, tu no eres quién dicen que eres, tu debes ser Licenciado ¿verdad?”, me sorprendió su pregunta. Le conté la verdad sobre mi trayectoria y le pedí confidencia. “Te quiero dar una sorpresa e invité a mi jefe a comer aquí”.

Dos años de vida simple, común y pasatista, dos años de sensaciones simples y cotidianas, comenzaron a caerse cómo arena entre los dedos. Las conversaciones sobre Cárdenas y sus posibilidades, sobre la caída de Fernando Color de Melo en el Brasil y sobre la personalidad y gestión de Carlos Menem, fueron suplantando mis comentarios, de tangos, vinos y churrascos, esos que me acariciaban con nuevas costumbres. “Ven Tito, que te presento a mi jefe, ya le hablé de ti y de lo bien que acá se come”.

Don Miguel Montes García, era un destacado jurista y doctor en leyes, era Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, era el jefe de mi amigo. Un sabio, un intelectual brillante y un hombre comprometido con la ética y la equidad. Todos los días venía a comer su empanada con chimichurri, un jugoso churrasco argentino, a beber de un vaso el vino tinto Navarro Correas, a gozar de los milhojas caseros, especialidades de “La Parrilla Argentina” y a conversar horas, con el Dr. Jesús María Plaza. Los temas sobre el TLC (Nafta), sobre la sublevación chiapaneca, sobre la crisis del PRI, sobre la debacle del Presidente fraudulento, Carlos Salinas de Gortari y de los posibles sucesores, a lo que se produjo un acierto de mi pronóstico, el elegido por el dedo del sistema, fue Luis Donaldo Colosio.

Le hablé mucho del personaje y el escuchaba con mucho interés. El 23 de marzo de 1994, un atentado criminal acabó con la existencia del candidato del cambio. México explotó. El magnicidio sacudió al Pais y a la región, el asesinato se produjo en un acto proselista de campaña y sobre los motivos y autoria, corrieron ríos de tintas, las declaraciones políticas de perversas especulaciones, eran la comidilla cotidiana de todo el arco social y el Gobierno no podía con su confusión. Para evitar el desmadre de versiones, el Presidente azteca, decidió crear una Subprocuradería Especial, que debería hacerse cargo de la investigación y dictaminar oficialmente sobre el resultado final.

El Fiscal a cargo, el responsable único de la investigación, el hombre más importante del momento, fue mi nuevo amigo, el Licenciado Miguel Montes García.

El primer ejemplar del libro oficial, sobre la muerte del poderoso candidato y que obra en mi poder, me lo dedicó su autor, dónde agradece mi amistad y colaboración.

En el mes de mayo de 1994, fallece mamá y en 1995 ya estábamos de regreso en la Argentina.

 

Jesús María “Tito” Plaza es abogado, periodista y docente universitario

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