lunes 10 de agosto de 2020 - Edición Nº614

Política | 16 dic 2019

RESUELVE LA CÁMARA

Ordenaron la detención del cura Lorenzo por abuso sexual

Pese a la resolución de la Justicia, el tribunal superior debe hacer lugar o desestimar un pedido de eximición de prisión para que se haga efectivo el arresto.


La Justicia penal de La Plata ordenó este lunes la detención del sacerdote Eduardo Lorenzo por abuso sexual con acceso carnal agravado. No obstante, la instancia superior debe resolver un pedido de eximición de prisión antes de que el arresto se haga efectivo por las acusaciones de hechos que ocurrieron entre 1990 y 2008.

La resolución fue emitida por la jueza de Garantías de la capital provincial, Marcela Garmendia, quien se hizo eco del dictamen de la fiscal Ana Medina y de los informes elaborados por las peritos oficiales.

Pese a la orden emitida por la magistrada, no está firme una denegatoria del pedido de eximición de prisión formulado por la defensa de Lorenzo, acusado de corrupción de menores y abuso sexual a al menos cinco adolescentes. La Cámara Penal de La Plata debe resolver a favor o en contra el recurso para que la orden de arresto quede firme.

El documento de nueve páginas elaborado por las peritos oficiales Verónica Acevedo y Ayelén Rodríguez asegura que el cura posee “personalidad con características de manipulación” y que configura “vínculos con los otros de modo asimétrico”. Además, señala que “su organización psíquica resulta compleja, erigida sobre una fachada fenomenológica de presentación obsesiva y una imagen de sí grandilocuente, que encubre una estructura psicopática perversa de la personalidad”.

Son cinco las denuncias que el cura acumula en la Justicia y, según los testimonios de las propias víctimas, Lorenzo se mostraba muy amistoso con los, por entonces, adolescentes de entre 13 y 15 años que asistían a la Iglesia San José Obrero de Berisso y a la Parroquia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet.

El último hombre que se presentó a declarar, semanas atrás, recordó que el sacerdote le pedía “que le hiciera masajes en los pies, o en la espalda, en su cama grande y comenzaba a refregarse contra mí”.

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