sábado 26 de septiembre de 2020 - Edición Nº661

Economía | 2 sep 2020

Análisis

Dólares, Puré y Coleros Digitales

El especialistas Rodrigo Poch analiza el mercado cambiario, dónde conviven 7 cotizaciones diferentes y se han detectado maniobras ilegales para sortear las restricciones a la compra de moneda extranjera


Al hacernos una simple pregunta como: ¿cuánto está el dólar hoy? pueden surgir al menos varias respuestas, siendo todas ellas correctas, dependiendo claro está, de lo que entendamos cuando la analicemos. Para contestar, debemos entender que nos están preguntando y para ello necesitamos conocer las diferentes variantes que hoy en día tiene el mercado para ofrecernos cuando de dólares se trata.

Podemos decir que tenemos al menos siete tipos: dólar oficial, turista, contado con liquidación (CCL), MEP o bolsa, mayorista, dólar futuro y blue o paralelo. El dólar oficial es el que encontramos publicados en los diferentes bancos y casas de cambio; el dólar turista es aquel al que se le adicionó la suma correspondiente al impuesto PAIS (30% sobre el valor nominal); el dólar CCL es aquel que resulta de la compra de un bono en pesos en nuestro país y se vende en el mercado internacional en dólares; el dólar MEP es el que resulta de la compra de un bono en pesos y se vende en su versión en dólares (ambas operaciones en el país); el dólar futuro es aquel que se basa en la compra futura a un precio determinado contractualmente (derivados); el dólar mayorista es el que surge de la cotización con la que operan grandes agentes económicos como bancos y exportadores; y finalmente el dólar Blue o paralelo es aquel cuya cotización se rige por la oferta y demanda del circuito ilegal o en las llamadas “cuevas financieras”. Solo a modo de ejemplo, al momento de escribir esta nota, el dólar oficial tiene un valor de $ 78.50, el dólar turista $ 102.05, el dólar CCL $ 130.84, el dólar MEP $ 119.94, el dólar futuro $ 76.34, el dólar mayorista $ 74.25 y el blue 133 pesos por dólar. Todos los valores se refieren al tipo de cambio vendedor.

La diferencia existente entre el dólar turista y el dólar blue o paralelo, genera cierto incentivo en las personas para hacer una operatoria que en la jerga se ha denominado “puré”, que consiste en comprar los 200 dólares permitidos por mes, venderlos en el mercado informal y hacerse de una diferencia en pesos, para solventar por ejemplo gastos corrientes en una economía recesiva como la actual. Algunos fueron un poco más allá, y contactaron personas de baja capacidad patrimonial, los fondean de alguna forma, estos sujetos compran los dólares a nombre propio y luego transfieren los dólares a la cuenta del dueño original de los recursos. A estas personas se las ha denominado, “coleros” en rememoración por la época en la que las compras se hacían en la sucursal bancaria, en efectivo previa autorización de AFIP. Los coleros digitales son personas que prestan sus nombres y números de CUIT para hacer la compra de dichos dólares a su nombre, que no pueden justificar, y luego transferirlos al dueño original de los recursos a cambio de una “comisión”. El colero se gana la comisión y el dueño original de los recursos compra más que los 200 dólares mensuales permitido para atesoramiento, ya que la compra sigue estando restringida y limitada a la suma de U$S 200 por mes.

Luego de que el aislamiento social preventivo y obligatorio dejara prácticamente sin actividad a las casas de cambio y sumado a que la brecha del dólar oficial y el blue se ampliaran notablemente, se empezó a observar en el sistema financiero la apertura gran cantidad de cuentas a fin de realizar operaciones por parte de estos sujetos. Estas operaciones ilegales están sancionadas por el régimen penal cambiario donde el Banco Central de la República Argentina (BCRA) es el juez de instrucción. A través de la comunicación “A” 7072 limito el número de transferencias en dólares que puede recibir una cuenta por mes. Dado que esto último no alcanzó para desarticular estas maniobras, procedió a bloquear al mercado de cambios a 14.858 personas, de las cuales 14.728 se sospecha que actuaron como coleros digitales y otros 130 como organizadores, es decir estos últimos como financiadores de las compras de divisas realizadas por parte de los primeros. El total de cuentas inhabilitadas ya ronda las 20.000. Es por ello que los bancos, financieras o casas de cambios no podrán volver a venderles dólares a estas personas sin autorización previa del BCRA, provocando de esta manera la inhabilitación para operar en el mercado cambiario por tiempo indeterminado.

Hay que tener en cuenta que estas sanciones administrativas son de carácter preventivo y que, si bien en principio consisten en la suspensión para operar, pueden derivar luego en una causa penal, con las implicancias que dicho proceso tiene para la persona responsable. Lo que se termina sancionando es toda negociación de cambio que se realice sin intervención de una institución autorizada, operar sin estar avalado, toda falsa declaración relacionada con las operaciones de cambio, declaraciones producidas de transacciones reales que resulten distintas de las denunciadas, todo acto u omisión que infrinja las normas sobre el régimen cambiario establecidas por el BCRA.

Lamentablemente el argentino es un ser especial y especialista en encontrar nuevas formas de ingresos, de alimentar los mercados ilegales y de tratar de eludir o evadir las reglas preestablecidas. Sin embargo, hoy en día, podemos decir que los controles –en su gran mayoría todos sistémicos- son de tal magnitud que es difícil que al Estado se le escapen maniobras de este tipo, sobre todo en momentos en donde la digitalización de las operaciones se encuentra en su máxima expresión. No obstante lo anteriormente mencionado, y dado que estas actividades pueden tener consecuencias muy graves como las ya comentadas –desde el cierre de una cuenta bancaria y prohibición de operar en el mercado cambiario legal hasta ir a prisión- bregamos en pos de que los agentes económicos sean conscientes de las consecuencias que traerán aparejadas las operaciones que realicen; y esto se lograría mediante la tan ansiada educación financiera que se necesita en nuestra sociedad. Las sociedades crecen y se desarrollan cuando invierten sus recursos en actividades que incrementan el PBI, no en la mera especulación financiera cortoplacista que, por supuesto tiene una sustentabilidad inestimable, pero de fecha de vencimiento próxima.

 

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