viernes 27 de noviembre de 2020 - Edición Nº723

Política | 18 nov 2020

Caída de un imperio

La Salada en ruinas y Jorge Castillo traicionado por su socio Antonio Corrillo Torrez y sus abogados

La que supo ser la "Feria mas grande del mundo", atraviesa una profunda crisis, que comenzó mucho antes de la pandemia y esconde una trama de presión política y traiciones contra uno de sus creadores


El complejo de ferias conocido como "La Salada" fue durante muchos años el centro comercial mas importante de la Argentina, concentrando compradores no solo de los distritos del conurbano bonaerense, sino también del resto de la provincias que todos los días y desde muy temprano llegaban hasta el predio de Lomas de Zamora, que hoy se convirtió apenas en una feria de barrio, que además desnuda la estafa que sufrió su creador Jorge Castillo.

Durante la cuarentena la feria fue un pueblo fantasma, y con la reapertura, el panorama no cambió mucho. Los compradores provienen exclusivamente del vecindario y son unos pocos, ya que no pueden llegar los micros del interior. Además quedaron muy pocos, ya que la mayoría de los vendedores emigraron a Flores, y los protocolos Covid-19, obligan a establecer burbujas y distanciamiento, lo que determina un panorama desolador, con la mayoría de los puestos cerrados. 

Según el relato de clientes y vecinos la inseguridad se adueño del lugar, los robos se multiplicaron, fundamentalmente debido a que el dispositivo de seguridad que había armado Jorge Castillo fue desmantelado por sus socios Antonio Corrillo Torrez y Aldo Presa, hoy a cargo del predio.

Conocido como "El Rey de la Salada", Castillo supo amasar una fortuna, aunque era dueño solo de la tercera parte del complejo y responsable de la Feria conocida como "Punta Mogote", que a la postre se convirtió en la mas exitosa y le permitieron a su dueño constituir dos empresas de seguridad, dos empresas de limpieza y dos empresas constructoras, que tuvieron durante 20 años el monopolio de los contratos con la feria. Así, la feria Punta Mogote, fue la más limpia, la más segura y la de mejor accesibilidad e infraestructura.

Por supuesto que Castillo cobraba por los servicios precios que duplicaban los de mercado, pero los socios y los dueños de los puestos( socios minoritarios) nunca dijeron nada porque la plata fluía a raudales. Algunos protestaban pero la fuerza de choque de Castillo rápidamente imponía la obediencia y el pago.

Esta situación hizo que los socios mayoritarios de Punta Mogote, los socios minoritarios y los puesteros le paguen cientos de millones de pesos a Jorge Castillo en concepto de construcciones, limpieza y seguridad. Cuando no le podían pagar, Castillo se iba quedando con espacio para construir nuevos puestos.

Todo esto funcionó así hasta el 21 de junio de 2017, día en que María Eugenia Vidal y Cristian Ritondo dieron la órden de detener al empresario, después de haberlo extorsionado, mediante un grupo de operadores, ya que la intención del ahora diputado nacional siempre fue quedarse con el control de la feria.

 

La propuesta del gobierno de Vidal habría incluído "protección" para Castillo, siempre que este cediera el 50% de las acciones de Punta Mogotes a una persona del entorno de Ritondo, pero como el Rey de la Salada se negó a cerrar el trato y el ejecutivo decidió avanzar con todo a través de la justicia y con la policía para desarticular la feria.

Castillo finalmente fue detenido. Y fuentes judiciales aseguran que el principal colaborador para hacer avanzar el expediente fue el socio boliviano de la feria, Antonio Corrillo Torrez, al que incluso en algún momento los investigadores le habrían pedido que "pare de dar tanta información porque no podían seguirlo", ya que habría brindado detalles de cuentas en el exterior, testaferros, sociedades fantasma y varios negocios no del todo legales.

La maniobra de Corrillo Torrez no solo le permitió salvarse frente al avance judicial, sino que con Jorge Castillo preso, pudo junto a sus ex abogados, (Castillo los echó apenas descubrió la connivencia de estos con Corrillo Torrez), quedarse con todos y cada uno de los negocios del ahora ex Rey de la Salada, armando nuevas empresas que se quedaron con los contratos que antes tenía Castillo.

De todas maneras Corrillo Torrez no supo ni pudo darle a la feria la seguridad que supo tener en tiempos de Castillo. Dicen los puesteros que “Antonio no está para esto, sin Jorge, feria no tiene futuro”, lo que se evidencia en una verdadera crisis del centro de compras, que se profundizó con la pandemia, pero que había iniciado inmediatamente después de la salida de Castillo.

Hoy la Salada, abre 3 días por semana y concurre un 5% de la gente que iba antes. Los robos a mano armada son moneda corriente, “nunca estuvo tan insegura la feria” comentan los puesteros “ni en el 2001”.

La incapacidad de Corrillo Torrez, la inseguridad, la pandemia, la imposibilidad de llegar para los compradores de todo el país, el éxodo de los puesteros a otros lugares y el caos, fueron los catalizadores del certificado de defunción de una feria que supo ser “la más grande del mundo”., mientras que Castillo abrió otro compleo ej José C. Paz, que por ahora atraviesa una crisis similar.

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