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Opinión

Vidal, la de Sandra y Rubén

La ex gobernadora María Eugenia Vidal quiere borrar su propia historia y usa la provincia para levantar el perfil político

Vidal, la de Sandra y Rubén

Los bonaerenses arrastramos desde siempre un problema de identidad, potenciado en los últimos años por el avance de lo que podemos llamar “estándar porteño” en ciudades del AMBA, y una brutal distorsión por parte de la dirigencia política de los vínculos territoriales que deberían tener los legisladores y funcionarios para representar al pueblo de una determinada región o distrito.

La fascinación por la porteñidad no reconoce de grietas, Daniel Scioli, María Eugenia Vidal y Axel Kicillof, fueron dirigentes de CABA antes de alcanzar la gobernación, por lo que pareciera haber cierto nivel de acuerdo entre los que forman lo que Javier Milei llama “La Casta”, para mirar hacia otro lado cada vez que se pone sobre la mesa la cuestión de las territorialidad, lo que además los votantes parece que estamos dispuestos a aceptar sin chistar.

Pero aún en ese escenario de supuesto acuerdo, hay algunas cosas que los bonaerenses no deberíamos permitir, como por ejemplo que una exgobernadora que abandonó a los vecinos a los que prometió que “nunca iba a abandonar”, opine sobre la provincia desde la comodidad de su departamento de medio millón de dólares en una de las zonas mas exclusivas de CABA.

Vidal intenta levantar el perfil y sin margen en la Capital Federal, dónde la interna del PRO complica los planes de Rodríguez Larreta, pretende entonces volver sobre la provincia y lo hace borrando su paso por la gestión, omitiendo todos y cada uno de los elementos que terminaron configurando un desastre en términos sociales y económicos para los bonaerenses y electorales para Juntos por el Cambio.

La actual diputada nacional encabezó la primera gestión en toda la historia de la provincia que buscó de forma deliberada cerrar escuelas en islas y zonas rurales, y suspender cursos de formación profesional en varias instituciones formativas distribuidas a lo lago y ancho de todo el territorio, recortando la oferta y complicando seriamente las chances de obtener un título para cientos o miles de habitantes de la provincia.

Pero si con eso no alcanzaba, también encabezó un brutal ataque contra los gremios docentes a los que todo el tiempo acusó de “kirchneristas”, y hasta se plegó a un ridículo pedido para crear un registro de “voluntarios” dispuestos a dar clases frente a los paros docentes, que en la mayoría de los casos eran consecuencia directa del cierre de paritarias a la baja, que terminaron con una pérdida del poder adquisitivo de entre el 20 y el 40% para los maestros y las maestras de todo el territorio bonaerense.

La omisión de su propia historia es tan grosera, que se anima a hablar de mantenimiento en las escuelas y de problemas con la calefacción, a pesar de haber transitado los primeros “frazadazos” durante su gestión, y sobre todo, de haber rechazado un ofrecimiento del Colegio de Técnicos para realizar inspecciones, relevamiento y control en todos los establecimientos educativos de la provincia, argumentando que el Estado bonaerense estaba quebrado y no tenía recursos para realizar esa tarea.

Sí había recursos de sobra para pagar pautas millonarias y sostener el escudo mediático, que de todas maneras no pudo tapar el escándalo que se produjo como consecuencia directa de la desidia y falta de mantenimiento de las instalaciones escolares, cuando el 2 de agosto de 2018 y apenas minutos antes del ingreso de decenas de chicos y chicas ala escuela 49 de Moreno, se produjo una explosión por una fuga de gas matando a la vicedirectora Sandra Calamano y al auxiliar Rubén Rodríguez.

Nunca hubo una explicación, nunca hubo responsables, nunca hubo consecuencias.  Aún así escuchar a “Mariu” reclamar un mejor mantenimiento en las escuelas, con la misma liviandad con la cuestionó la creación de nuevas universidades porque “los hijos de los pobres no llegan a la universidad”, debería por lo menos llamarnos a la reflexión sobre el tipo de dirigentes que nos supinos construir.

Vidal fue un producto del marketing la mandaron a “caminar la provincia” y en poco mas de una año convenció a muchos de que era posible aplicar el “estándar porteño”, la forma de vida de la ciudad mas rica del país, en cada rincón de un territorio que tiene cinco veces los habitantes de CABA, pero apenas el doble de su presupuesto.  La aventura necesariamente iba al fracaso.

Pero hoy, dos años de pandemia después, la ex Leona busca replicar aquel salto que le abrió la puerta también a Diego Santilli, otro candidato “importado” del PRO, y nos vuelve a hablar a los bonaerenses desde CABA.  Sería un buen momento para consultarle al “Colorado” si también piensa volver al pago chico si le va en 2023, pero sobre todo para que nosotros mismos repensemos si realmente queremos ser una provincia o si es nuestro deseo que sean los porteños los encargados de digitar nuestro destino, como si fuéramos apenas el patio trasero de la capital federal.

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